Inspiración

Así ahorraban nuestros bisabuelos

27 julio, 2017
Así ahorraban nuestros bisabuelos

La cultura de la previsión no es nada nueva, es más, es tan vieja como la propia humanidad. El guardar los excedentes para un uso futuro ha acompañado a todas las civilizaciones.  Se sabe, por ejemplo, que en Antigüedad, egipcios, incas o chinos reservaban una parte de la cosecha para los imprevistos que pudieran surgir en el resto del año. Esa estrategia de ‘guardar para lo que pueda venir’ era la que también aplicaban nuestros abuelos, bisabuelos y sus antepasados.

La Iglesia en el medioevo también mostró su preocupación y organizó su propio sistema de ahorro al crear en 1462 en Italia el primer Monte de Piedad. El objetivo era proteger a sus integrantes, y al dinero que recaudaban con la limosna y las aportaciones de la Corona, de la usura. En España hubo que esperar hasta comienzos del siglo XVIII para conocer el Monte de Piedad de Madrid.

Los montes de Piedad -antecedentes a su vez en España de las cajas de ahorro ya en el siglo XIX-, fueron claves en la organización financiera de nuestros familiares. Las primeras décadas del siglo XX fueron tremendamente duras para nuestros abuelos o bisabuelos. La escasez que se sufría hizo que estuvieran muy concienciados de la necesidad de guardar.

Por entonces ahorrar no era una opción, era, siempre, un objetivo en todas las economías domésticas

Por entonces ahorrar no era una opción, era, siempre, un objetivo en todas las economías domésticas. Ahí las mujeres jugaban un papel de primer orden, ya que generalmente eran ellas las encargadas de hacer malabarismos económicos para lograr sacar a la familia adelante.

Si le preguntamos a nuestros familiares más mayores recordarán cómo la compra se hacía de la forma más eficiente posible, a diario para aprovechar los productos que estuvieran a buen precio, y, por supuesto, no se tiraba nada. No solo se aprovechaba lo que sobraba de comida, también se reutilizaba la ropa o los objetos, además de repararse sin fin los utensilios de más valor.

¿Y si sobraba algo de dinero? Es cierto que muchos lo guardaban debajo del colchón o de un ladrillo, sin embargo ya por entonces existía un buen número de bancos donde poder acudir a ingresar el sobrante. De las 1.903 sucursales de 1936 –al inicio de la Guerra Civil- se pasó a 2.157 en el año 48 y a 2.647 en 1960. Allí se podían suscribir depósitos, sin embargo los planes de pensiones, tal y como los conocemos hoy son productos muy nuevos, ya que no se empezaron a comercializar hasta 1987.

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