Ahorro y Futuro

La vivienda como ahorro en la jubilación: ¿nuda propiedad o hipoteca inversa?

15 abril, 2020
La vivienda como ahorro en la jubilación: la nuda propiedad

Cuando vendemos una casa, por regla general, nos vemos obligados a buscar un nuevo lugar donde vivir. Una tarea que, según vamos cumpliendo años, se nos hace cada vez más cuesta arriba. Sin embargo, ante la necesidad de conseguir liquidez esos inconvenientes que conlleva, como la propia búsqueda o la posterior mudanza, pasan a un segundo plano. Pero, ¿y si nos dijeran que podemos vender nuestra casa y seguir viviendo en ella? Seguro que más de uno sentiría un gran alivio. Pues, eso ocurre en la nuda propiedad o la hipoteca inversa, modalidades cada vez más empleada por los pensionistas de nuestro país.

Al vender un inmueble la transacción implica tanto el derecho de propiedad, como el de usufructo. Sin embargo, la nuda propiedad implica únicamente el derecho de propiedad. Dicho de otra forma, con la nuda propiedad el dueño del inmueble deja de ser el propietario pero puede continuar viviendo en él hasta su fallecimiento o hasta la fecha que se establezca entre ambas partes.

Así “la venta de nuda propiedad es para personas que no quieran dejar un patrimonio a sus herederos, pues cuando se dejan de percibir las rentas mensuales ya acaba todo, dado que se pierde la propiedad de la vivienda desde el momento de su contratación”, explica Nuria López, experta en productos de vida y pensiones de Caser. La Hipoteca Inversa, en cambio, “está pensada para personas que quieren preservar el patrimonio para sus herederos”.

La nuda propiedad, al igual que la hipoteca inversa, puede contribuir a una mejora de la jubilación

A la hora de formalizar la compraventa a través de una nuda propiedad existen varias alternativas. El importe puede realizarse en un único pago, a partir de una renta durante la cantidad de años que se acuerde o hasta que el propietario original fallezca, o incluso combinando ambas opciones. 

Mientras dura el usufructo el inquilino no debe pagar ningún tipo de alquiler y el nuevo propietario es quien se encarga de los gastos comunitarios y de las posibles obras extraordinarias en la vivienda y en la comunidad,  si las hubiese,  Eso sí, el nuevo inquilino debe hacerse cargo del pago del IBI anual, de los suministros, del arreglo de los posibles desperfectos o deteriores que surjan durante los años en los que siga disfrutando de la vivienda, y del coste de las posibles obras ordinarias que se lleven a cabo. En este último apartado hay ocasiones en las que se negocia que el comprador asuma tanto los gastos ordinarios como los extraordinarios. 

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