Ahorro y Futuro

La cruda realidad de la mujer jubilada

1 septiembre, 2016

Nos guste o no la sociedad española es una sociedad tradicionalista en la que la mujer ha sido relegada a un segundo lugar hasta hace pocos años. Aún habiéndose incorporado al mercado laboral, a partir de la década de los sesenta, su empleo quedaba, en muchas ocasiones, apartado cuando la situación familiar lo requería.

Por esta razón las solicitudes de reducción de jornada, las excedencias por cuidado de hijos, las búsquedas de empleos a tiempo parcial e incluso el abandono definitivo del mercado laboral han sido recurrentes en las mujeres que actualmente tienen edad de jubilarse.

El riesgo de pobreza en edad adulta tiene mayor carácter femenino.

Prueba de ello son los datos de la Encuesta de Población Activa, elaborada por Instituto Nacional de Estadística (INE): en el año 2013, las mujeres representaban el 73,26% del total de los trabajadores con jornada a tiempo parcial.

La mujer por tanto ha estado más tiempo sin realizar actividad laboral que los hombres, interrumpiéndola o reduciéndola, lo que supone que cuando llega a la edad de jubilación tenga menos tiempo cotizado. Muchas de ellas incluso no llegan a los 15 años cotizados, cantidad mínima para poder acceder a la pensión de jubilación.

Pero además, muchas otras aunque sí cumplan este requisito no han trabajado durante los últimos dos años al ver imposible reincorporase al mercado laboral cuando los hijos, por los que lo dejaron, cumplieron la mayoría de edad. Así pues, al no cumplir este otro requisito (el de cotizar dos de los 15 años obligatorios justo antes de acceder a la jubilación) también ven negado su acceso a esta prestación.

Por si fuese poco, la mujer, por regla general, al haber sido peor remunerada que el hombre y haber cotizado menos años, cuando consigue acceder a este beneficio social ve como su cuantía es inferior a la de los hombres.

La realidad actual lleva a la mujer a protegerse en su jubilación a través de la pensión de viudedad, que como todos conocemos es inferior a la ordinaria. Todas estas razones contribuyen a que actualmente la pobreza en edad adulta tenga, en un alto porcentaje, carácter femenino.

 

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